Foto_Luis Fernando RíosLuis Fernando Ríos descubrió la interpretación a los quince años, en el instituto, y desde entonces no ha sabido —ni, probablemente, querido— alejarse demasiado de ella. Licenciado en Arte Dramático, en la especialidad de Interpretación, por la Escuela Superior de Arte Dramático de Sevilla, está a punto de cumplir cuatro décadas de trayectoria profesional. Dicho así parece mucho. Vivido desde dentro, seguramente haya pasado con la velocidad de una escena bien ensayada.

A lo largo de su carrera ha trabajado en teatro y televisión, participando en series como Cuéntame cómo pasó, Los Serrano, Hospital Central o El comisario, además de en producciones estrechamente ligadas a Andalucía, como Plaza Alta, Arrayán o Padre Coraje. Sin embargo, como ocurre tantas veces en los oficios artísticos, el camino terminó llevándolo hacia un lugar que quizá no estaba previsto al principio: el doblaje.

Comenzó a trabajar en este ámbito en Sevilla en 1988 y, en 1995, fundó su propio estudio. A finales de 2005 empezó a desarrollar también su actividad profesional en Madrid y, un año después, se instaló definitivamente en la capital. Sevilla había sido el punto de partida; Madrid acabaría convirtiéndose en otra estación fundamental de un viaje que, visto con perspectiva, parece haber estado siempre en movimiento.

Con cerca de 2.000 títulos a sus espaldas, Luis Fernando ha pasado por prácticamente todos los lados del atril: actor, director, adaptador y ajustador. Es decir, conoce tanto el instante visible —o, mejor dicho, audible— de la interpretación como todo ese trabajo previo que el espectador nunca percibe. Una paradoja bastante propia del doblaje: cuanto mejor está hecho, menos se nota.

Como actor ha prestado su voz a intérpretes como Bryan Cranston en Your Honor y La fórmula ganadora de Jerry y Marge; Tobias Menzies en Outlander y The Crown; Stanley Tucci en títulos como James y el melocotón gigante y Los juegos del hambre; o John Noble, el inolvidable Walter Bishop de Fringe. Su voz también está vinculada a personajes tan reconocibles como el Sultán de Aladdín, Grimsby en La Sirenita y, cómo no, Piccolo en Dragon Ball.

Como director y ajustador, su trayectoria comprende centenares de episodios y producciones como The Crown, From, Gotham, Arrow, Titanes, The Great o La otra hermana Bennet. Entre tantos trabajos guarda, además, una relación singular con unas brujas particularmente longevas. En 1993 dirigió El retorno de las brujas, la primera película distribuida en cines cuyo doblaje se realizó en Sevilla. Casi treinta años después, la profesión —que a veces tiene un curioso sentido de la simetría— quiso cerrar el círculo y volvió a colocarlo al frente de El retorno de las brujas 2.

Si algo defiende Luis Fernando con especial insistencia después de todos estos años es que un buen doblaje comienza mucho antes de que el actor se sitúe delante del micrófono. Para él, la traducción, la adaptación y el ajuste son los cimientos sobre los que se sostiene todo lo demás. Sin ellos, hasta la mejor interpretación puede tambalearse como un decorado mal sujeto.

Los traductores que han trabajado a su lado pueden dar fe de esa convicción y, seguramente, también de lo extraordinariamente «pesado» que puede llegar a ser cuando una frase, una intención o una expresión no termina de encajar. Porque en doblaje una palabra puede parecer pequeña sobre el papel y convertirse, frente a una boca en pantalla, en un problema del tamaño de una montaña.

Hoy compagina su trabajo como actor, director y ajustador con la docencia, intentando transmitir a las nuevas generaciones algo que difícilmente cabe en un manual: la experiencia acumulada tras años de oficio, errores, intuiciones, decisiones y muchas horas frente a una pantalla y un atril.

Y quizá, después de todo este tiempo, siga persiguiendo exactamente lo mismo que cuando empezó: lograr que un personaje abra la boca y el espectador olvide que, antes de llegar hasta él, alguien tradujo, adaptó, ajustó, dirigió e interpretó aquellas palabras.

Que no se vea la costura.

Que parezca, sencillamente, que siempre fueron suyas.

Será uno de los maestros de ceremonias de la gala de entrega de los XIV Premios ATRAE, junto con Beatriz Melgares.

Luis Fernando Ríos

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